La desaparición de la corporeidad del ser  (2 de 2) Miquel Ricart  10-03-2020

La desaparición de la corporeidad del ser (2 de 2) Miquel Ricart 10-03-2020

Eso parece ser lo que somos…. Pero, ¿“todo” lo que somos? Lo indudable es que nos encontramos ante una cantidad de materia viva determinada, ante un ser “ser vivo”.

Pensemos ahora en un ser humano cualquiera de entre la enormidad de los que hay. ¿Le podríamos llamar “ente”? No encuentro la palabra “ente” en la Enciclopedia Oxford de Filosofía, pero sí la palabra “ser”. Por su importancia, extraigo algunas consideraciones de dicha Enciclopedia sobre el citado término:

1. El ser es el objeto de la ontología, y

2. En un sentido especial y restringido, el término “ser” es comúnmente usado para denotar un sujeto de conciencia (o yo) y, por tanto, un tipo de entidad.

 O sea, tratamos de un ser humano, persona, ente, y al cabo… cuerpo. Se mire como se mire el cuerpo –nuestro cuerpo– es todo lo que tenemos; lo demás no deja de ser accesorio.

Y ciertamente, lo dice bien Richard Gregory: “nos esfumaremos” cuando muramos. Y asimismo, de forma clara nos informa el Diccionario de la Lengua que esfumar(se) significa “disiparse o desaparecer”.

La materia humana, una vez “muerta”, entra en trance de descomposición, y acto seguido, de putrefacción. El Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española nos dice que la putrefacción es: “Hacer que una materia orgánica se altere y descomponga”. Se trata del proceso de transformación o desaparición de la materia viva.

En efecto, asociamos el concepto de “persona” a “ser viviente” y el de cosa a “objeto inanimado”. El ser humano, al morir, pasa (y éste el aspecto fundamental de este escrito) de “persona” a “cosa”, es decir, de ser viviente a cosa inanimada. Y surge entonces el concepto de “cadáver”. Un cadáver es un ser muerto que aún tiene propiedades del mismo; y que paulatinamente se va convirtiendo en cosa.

Un cadáver, es por tanto, una “cosa” sobrevenida. “Antes” no era cosa, era ser humano. Por otra parte, hay que hacer notar la influencia actual de la ciencia en los conceptos filosóficos. Ello no es de extrañar; se trata de una complementariedad conceptual: muchos hechos descubiertos o determinados por la ciencia son interpretados y valorados después por la filosofía. Y aquí, el recurso a conceptos y datos científicos es esencial, cómo se verá. La extensa bibliografía sobre el tema ha hecho posible que nos podamos informar lo necesario para poder redactar este texto. Gracias, por tanto, a los autores que nos han permitido acceder a su ciencia. Para finalizar este párrafo, podríamos decir que un cadáver es, en cierto modo, “todo lo que queda del ser”.

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